viernes, 16 de julio de 2010

La súper-carretera de la información

Si bien el fenómeno de Internet ha evolucionado nuestra forma de comunicarnos y de entender el mundo en los últimos quince años, su nacimiento se remonta hace más de cuatro décadas, cuando sus creadores nunca imaginaron que la conexión de redes llegaría a transformarse en la base de comunicación del futuro a nivel mundial.

Por Karina Mondaca Cea

Corrían los años sesenta y el ejército estadounidense se preguntaba cómo evitar que un misil bien dirigido pudiese destruir un importante polo de comunicaciones. ¿La respuesta?, la creación de un sistema de redes sin nodos centrales, basado en la “conmutación de paquetes”, es decir, los caminos que pueda tomar un paquete de información.

Años más tarde, y con la ayuda del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), las redes se conectaron con servidores de cuatro universidades de Estados Unidos, dando un bosquejo de lo que actualmente es Internet.

Desde entonces, el ciberespacio ha ganado una gran importancia, especialmente en la actualidad, y no sólo porque ha generado un cambio rotundo en la comunicación y en la forma de acceder a la información o los contenidos educativos, sino que también en la forma de pensar, de interactuar y de entender la sociedad.

Acostumbrados a los medios físicos de comunicación como la radio, televisión, revistas o periódicos impresos, Internet y las nuevas Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), abren las oportunidades de interacción y ofrecen una nueva forma de acceder a los contenidos: la digitalización.

Dejando de lado los antiguos soportes de los cuales éramos capaces de ver o tocar sus propiedades, se comienza a vivir un nuevo proceso de inmaterialidad donde los usuarios logran acceder a informaciones ubicadas en lugares distantes, de forma transparente e instantánea a través de las redes de comunicación que ofrece Internet.

La inmediatez en la que trabaja el “mundo virtual” ha transformado los tiempos de la realidad, agilizándolos hasta el límite, provocando no sólo que el mercado, la información y el desarrollo tecnológico comience a avanzar rápidamente cada día, sino que también la cotidianidad de los habitantes del planeta.

Nuestra forma de pensar la realidad ha cambiado, y también nuestros tiempos de espera. Si antiguamente la paciencia reinaba al momento de realizar alguna tarea para el colegio, manteniéndonos durante horas frente a una enciclopedia de gran tamaño, o frente a una caja llena de guías de tu hermano mayor, ya no es así.

Lo queremos todo ahora y de la forma más rápida posible, ya sea el último disco de nuestro artista favorito, nuestra serie de televisión preferida o las informaciones más recientes para nuestro interés. Ya no importan las distancias, las plataformas o los precios que posean los objetos culturales que queramos poseer, Internet nos provee de ellos veloz, instantánea y gratuitamente.

Sin embargo, el saber que podemos obtener todo lo que deseamos en un corto tiempo, también ha generado un sentimiento de seguridad en todos los usuarios de la web. Debido a la gran cantidad de contenidos existentes en la red, nos sentimos confiados de que todo capítulo, evento o show que nos hayamos perdido por uno u otro motivo, se encontrará disponible para nosotros, para así descargarlo y disfrutar de él.

Gracias a esta red horizontal, grandes cantidades de información logran circular por los flujos de comunicación, creando un universo libre y pluralista. Este entorno resulta favorable para el usuario, ya que no sólo existe libertad de acceder a la información, sino que también significa un espacio donde cada uno de los usuarios puede expresarse libremente.

A diferencia de las estructuras existentes en el “mundo real”, todas verticales promoviendo el orden jerárquico, Internet luce una red que atraviesa de forma transversal todos los rincones, derribando las fronteras. Casi como un añorado espacio de total paridad, los usuarios se presentan en igualdad de condiciones: emisores y receptores a la vez, y actualmente, productores y consumidores de mercancías digitales.

Pero la popularidad que Internet ha obtenido por su rapidez y eficiencia no lo es todo. Las claves del éxito del ciberespacio responden directamente a los elementos que confluyen en él, transformándolo en un espacio de diálogo, libertad y democracia.

La ejecución de la libertad de expresión en la web se respalda en el constante diálogo que existe entre los usuarios. A diferencia de lo que pasó con la radio, la prensa escrita o la televisión, Internet se ha transformado en el primer medio de comunicación de “muchos hacia muchos”, entregando gran poder a quienes son partícipes de él.

Internet deja atrás la comunicación unidireccional, y nos recuerda la olvidada capacidad que poseemos de enfrentarnos a otros a través de la conversación, y nos llama a superar las peleas físicas para dar paso al intercambio, a la palabra, a la comunicación… al diálogo entre personas en un mundo creado por y para personas.

El caos que significa el ciberespacio por la ruptura de esquemas, jerarquías y fronteras que presenta, plantea un nuevo esquema de sociedad. Los elementos de igualdad, diálogo, libertad de expresión y acceso a la información hacen de Internet un panorama soñado por muchos políticos y ciudadanos que anhelan una sociedad con tales características. La utopía de un mundo más justo, donde el respeto y la participación de la población sean las bases de un país democrático, es lo que el mundo virtual comienza a demostrar como algo posible.

La lucha por el poder

El poder y la autonomía qu ha logrado Internet con el pasar de los años, no es un tema menor. Al igual que en otros medios de comunicación, la web ha demostrado poseer gran influencia, siendo una nueva plataforma donde se generan y transmiten discursos cargados de intereses e ideologías.

En el ciberespacio los usuarios han creado sus propias comunidades, con sus propias leyes y soberanía, donde la política “real” comienza a entregar parte de sus espacios, teniendo cada vez menos cabida.El traslado que sufren los gobernantes hacia un segundo plano se debe no sólo a las nuevas formas de relación que coexisten en Internet, sino que también, por la falta de uso de las nuevas plataformas de comunicación que entrega la web.

La poca preocupación de Internet por parte del mundo político sólo cambió en el 2008, gracias a la campaña presidencial de Estados Unidos. Instaurando un fenómeno mediático, el candidato demócrata Barack Obama demostró a través de las distintas redes sociales como Facebook o Twitter, una nueva forma de comunicarse e interactuar con los votantes.

Caso similar ocurrió en nuestro país durante las elecciones pasadas, donde candidatos como Marco Enríquez-Ominami o Sebastián Piñera, hicieron un gran uso de las diferentes plataformas de Internet para dar a conocer sus proyectos de gobierno, eventos sociales o sus comentarios sobre algún tema de actualidad.

Tan reciente es el interés que los gobiernos de distintas partes del mundo han tenido por el ciberespacio y su influencia, que sólo hace algunos años se han creado leyes que regulan el uso de Internet para controlar y vigilar informaciones que puedan ir en “contra de la seguridad del país”.

Al igual que en el resto de los medios de comunicación que se encuentran bajo la censura ejercida por intereses políticos o económicos, la web comienza a sufrir la intervención de los gobiernos para normalizar los contenidos on line. Podemos encontrar variados ejemplos como*,

  • Luego del ataque terrorista a Estados Unidos el 11 de Septiembre del 2001, el gobierno norteamericano instauró la “Patriot Act”, otorgando permiso de arrestar a sospechosos indefinidamente, infiltrar conversaciones telefónicas, revisar correo y contenidos en Internet. Debido a esto es que se cerraron algunas páginas web musulmanas consideradas como apologías al terrorismo. Pero además, en el 2002 se creó la Ley Patriótica II, donde se obligaba a los proveedores de servicios de Internet a entregar información sobre sus clientes al gobierno, estatal o local, si cree "de buena fe" que se trata de una emergencia.
  • En Corea del Norte, el servicio de Internet casi no existe, ya que sólo hay publicidad oficial, y las pocas páginas contra el régimen existentes se encuentran al otro lado de las fronteras.
  • En Arabia Saudí se usa el sistema “Djeddah” para filtrar la información de opositores.
  • China, que posee más de 20 millones de usuarios de Internet, posee una brigada policial que combate artículos publicados en la web contra el gobierno.
  • En Túnez, la página web de Amnistía Internacional se encuentra bloqueada.
  • En Cuba el tráfico de Internet está centralizado en un solo servidor a través del cual se vigila a los disidentes.

El miedo a la democracia digital se ve reflejado en el control contenidos en Internet por parte de empresas o gobiernos, sin embargo, esto no sería posible sin el trabajo regulatorio que ejercen los proveedores de servicios de Internet (ISP) a través del bloqueo directo de páginas webs.

El ejercicio de los ISP es un fenómeno de carácter mundial, ya que hasta el pasado 13 de julio no existían legislaciones que regularan el actuar de los proveedores.

Para suerte nuestra, Chile, después de tres años de tramitación, se transformó en el primer país en crear una Ley de Neutralidad en la Red, donde se plantea lo siguiente:

“No podrán arbitrariamente bloquear, interferir, discriminar, entorpecer ni restringir el derecho de cualquier usuario de Internet para utilizar, enviar, recibir u ofrecer cualquier contenido, aplicación o servicio legal a través de Internet, así como cualquier otro tipo de actividad o uso legal realizado a través de la red”.

A pesar de lo beneficioso que significa esta legislación para los usuarios chilenos, no se puede olvidar que las empresas proveedoras de Internet continuarán ejerciendo otra forma de censura.

A través de planes con altos costos, cada uno de los ISP discrimina a todos aquellos que no poseen el dinero suficiente para acceder a la red, fomentando no sólo la gran desigualdad social que ya existe en nuestro país, sino que también, aumentando la brecha digital.

Nadie puede negar la importancia que posee Internet en nuestros días, ya que es considerado como un espacio de libertad y democracia, como también una herramienta educativa, de comunicación e información. Sin embargo, el control que ejercen instituciones gubernamentales o empresariales no permite que la totalidad de la población goce de los beneficios que Internet entrega día a día.

No basta que los gobiernos regalen computadores a las persons de menor ingreso económico, ahora también es necesario fomentar el acceso a la información on line a través de planes de Internet asequibles a toda la sociedad, como también la educación digital de ésta.

Ante esto cabe preguntarnos, ¿quién se hace responsable de esta situación? Si tanto hablamos de progreso, educación y desarrollo, y sabiendo que Internet es una herramienta que ayudaría a esto, ¿por qué no se crean políticas o presupuestos destinados a mejorar la interconectividad en nuestro país?

Necesitamos soluciones ya.

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